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El triste estado de las universidades de América Latina

Jerry Haar es profesor y decano asociado del College of Business Administration de Florida International University. Además, es co-autor con John Price de “Can Latin America Compete? Confronting the Challenges of Globalization".

Autor: Jerry Haar

12/11/2010
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Si hubiera que describir el estado de las universidades de América Latina hoy, un lema apropiado podría ser: "Un sistema de educación superior del siglo XX para el siglo XXI".

Por detrás de Asia y Europa Central, las universidades de América Latina ni siquiera están rankeadas en el QS World University Rankings de las 100 mejores universidades. Asia cuenta con 25 en la lista.

Para mantener e incrementar los progresos realizados desde la reforma económica neoliberal -y para no quedarse atrás- América Latina necesita hacer frente a sus carencias en educación superior en cinco áreas clave:

Cuerpo docente

Por cualquier medida, la mayoría de faculties de América Latina se quedan cortas. Después planes de estudios obsoletos, muchos profesores carecen de grados de master o doctorados (menos de uno de cada diez tiene un Ph.D.), y debido a los bajos sueldos y muy pocas posiciones de tiempo completo, la mayoría enseña part time en varias unversidades. Muy pocos realizan investigación de alta calidad y están activos en asociaciones académicas internacionales de su campo.

Infraestructura

Las universidades latinoamericanas, en particular las públicas, poseen una planta física que se caracteriza por tener un diseño arquitectónico similar al de la Italia de Mussolini en los 30'  o los ministerios del gobierno central de Estados Unidos en la los 40’. Decrépitas, mal mantenidas y pobremente equipadas, especialmente las biliotecas están en condiciones patéticas. ¿Conectividad a internet? Seguir soñando. Si existe, por lo general es con conexión de acceso telefónico.

Gobernabilidad

Las reformas del siglo XIX en educación superior de la región generaron universidades fundadas por los gobiernos pero autónomas en su gestión. Las autoridades en estos feudos independientes tenían el control de la enseñanza, el plan de estudios, la contratación y los asuntos de promoción. La matrícula es gratuita en casi todas las universidades públicas. Sin embargo, las huelgas estudiantiles son una tradición que se remonta hasta nuestros días. En 1999 la huelga en la Universidad Nacional de México duró diez meses, precipitada por un aumento de la matrícula de dos centavos por año a 5,77 dólares por semana. La imposición de la matrícula para cubrir siquiera la mitad del costo de la educación superior es un anatema, a pesar del hecho de que el 60%- 80% provienen de familias acomodadas. Para los estudiantes brillantes que están en necesidad, hay pocas becas o ayuda financiera disponible.

Muro

Matrícula y mercado laboral

Sólo el 27 por ciento de los jóvenes en edad universitaria están inscritos en la educación superior, menos de la mitad que las naciones industrializadas y crece a un ritmo más lento que en Asia. Las tasas de graduación oscilan alrededor de 25 por ciento y pocos estudiantes se gradúan a tiempo. El ex candidato presidencial mexicano Andrés Manuel López Obrador tomó 14 años para graduarse. Lo peor de todo es el desalineamiento entre los cursos de estudio y las demandas del mercado laboral. Sólo el 16% de los estudiantes universitarios latinoamericanos estudian ciencia y tecnología (en comparación con 40% de los asiáticos), y cerca de dos tercios estudian ciencias sociales y derecho.

Investigación e Innovación

Como región, América Latina ha salido mal, con un porcentaje del PIB en I+D del 0,5%, que es una quinta parte de Corea del Sur, una tercera parte de China y la mitad de la India. Brasil, México y Argentina producen menos patentes en un año que mis tres alma máter de posgrado: Johns Hopkins, Columbia y Harvard. Los presupuestos para I+D en las universidades provienen de fuentes públicas y rara vez se enfocan en la comercialización. La escasez de personal de investigación es otro obstáculo. Considerando que los países de la OCDE producen un doctorado por cada 5.000, Brasil representa el 1 por 700.000 y Colombia, el 1 por 140.000.

Pese a esta sombría afirmación, hay algunos rayos de esperanza. Para estimular la I+D, las empresas multinacionales se han vuelto más activas. Microsoft, IBM, Kodak, Telefónica y Hewlett-Packard (HP ha establecido casi tres docenas de relaciones en los últimos años) se encuentran entre las empresas asociadas con universidades de la región.

Otro signo alentador es la espectacular mejora de las universidades privadas, particularmente las relacionadas a las iglesias en la región, la actualización docente, la modernización de programas, y la inversión de mayores recursos en infraestructura y operaciones.

Algunas instituciones de educación superior también se están aliando con más universidades de EE.UU., Canadá, y Europa. Mi propia institución cuenta con convenios de doble grado con nueve de las universidades rankeadas en el top ten de AméricaEconomía. Las escuelas de ingeniería también han sido muy activas en colaboración.

Sin duda, Chile es el mejor modelo de práctica sobre cómo el gobierno puede jugar un papel facilitador, invirtiendo más que decenas de millones de dólares en sus universidades estatales y el apoyo para estudios de postgrado en el extranjero para los campos de alta prioridad, tales como la ingeniería, la agricultura y la salud.

Los altos precios de los productos básicos en muchos países de América Latina han impulsado su crecimiento reciente y fortalecido sus monedas, pero esto no durará para siempre. Vivimos en la era de la economía del conocimiento. América Latina no es inmune a estas fuerzas y tendencias. Si la región quiere subirse a la ola de la globalización y no ser lanzado hacia abajo, debe comenzar inmediatamente por transformar su sistema de educación superior. Ahora.

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Comentarios

03

luis esteban
30 December, 2010 - 17:29

Excelente artículo, pero una sugerencia para el autor o mejor dicho para el redactor: deje a un lado el spanglish, por ejemplo las palabras part time y faculties tienen reemplazo directo en el español. Sus equivalentes son, facultades y tiempo completo.

02

ROLANDO MORIN
17 November, 2010 - 11:26

El Prof Haar -siempre brillante con sus opiniones- ha dado en el clavo con la situación actual de la educación superior en Latinoamérica, donde hay aún mucho camino por recorrer y varias reformas esperando su implementación.

El progreso económico de nuestros países no se basa solamente en la competitividad de sus empresas sino, fundamentalmente, en una educación de alta calidad que permita contar con cuadros de profesionales e investigadores que estimulen la creación de nuevas tecnologías y la generación de eficiencias productivas.

Lamentablemente, las cifras son frías y no estamos bien. Lo bueno es que en nuestros países sí hay estudiantes con gran potencial. Tal vez por ahi está el trabajo de los gobiernos, sino se puede cambiar el sistema, por lo menos se podrían generar oportunidades para los mejores talentos.

Congratulations to Prof Haar, always brilliant and sharp!!

01

Alfredo Behrens
16 November, 2010 - 10:07

No sé siquiera si deberíamos comparar las instituticiones apenas porque las nuestras también se llaman universidades.

Parecen desempeñar finalidades diferentes, y esto se manifiesta tanto en las carreras preferidas por los alumnos cuanto en los estilos de las investigaciones que se proponen. En esto somos más parecidos con las universidades de los países que nos dieron nuestras culturas, como las de España e Italia que tampoco son un parangón de excelencia, cuando medidas por el mismo patrón de éxito. Sin embargo esos dos países continúan siendo fuente de inspiración, y por buenas razones.

Pero el "wake-up" call de Jerry Haar debe ser motivo de reflexión porque el corporativismo que impera en nuestras sociedades lleva a desvíos como el plagio en algunas universidades, crímen injustificable, máxime entre quienes cobran salarios de fondos públicos para trabajar en búsqueda de la verdad.

Es decir, hay casos en los que parecemos derrotados hasta en las humildes metas que nos proponemos para las universidades. Un buen comienzo sería barrer la basura.

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